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AFRO DIÁSPORA(S) y SOCIEDAD CIVIL AFRICANA
Construyendo puentes entre África y España
MESA V: La Diáspora en la Agenda de España: una política exterior integradoraSimon NONG NGO BISSENI
¿Qué cualidades y conocimientos destacarían entre los representantes de la afrodiáspora en España que pueden enriquecer y mejorar la acción exterior española con el África al sur del Sáhara?
Antes que nada, mi querido Alberto, permíteme agradecer esta invitación del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación y subrayar el acierto olfativo (para no decir de “narices”) que ha tenido al convocar estas Jornadas. Por poco que nos asomemos a la ventana, la realidad que nos devuelve la actual España es una rica diversidad, ya sea en sabores, en acentos, en la vestimenta y, cómo no, en colores. España es multiétnica y la población afro en nuestro país es ya la primera minoría, calculada entre 800.000 y un millón y medio de personas, muchas de ellas afroespañolas. Sería una obviedad que nuestra Carta magna reconociera y recogiera esta realidad.
Volviendo a tu pregunta, enmarcaría las cualidades y conocimientos de los representantes de la afrodiáspora en España en cuatro categorías formales de la acción exterior española, y en una informal.
Las categorías formales serían: las Empresas españolas; las ONGs españolas; la Cultura y la Academia o las Universidades españolas; el Gobierno español de turno propiamente dicho.
En cada una de estas categorías, encontramos en la diáspora afro en España talento diverso y variado, desde la intuición difusa a la formación sistemática y específica, sin obviar el valor intrínseco añadido que da la mera presencia de una persona afro incardinada en cualquiera de estas cuatro categorías de la acción exterior española en relación dialéctica con África al sur del Sáhara.
Las empresas españolas se atreven todavía poco a invertir y arriesgar su capital en esa parte de África, dominadas por el temor, el desconocimiento, los prejuicios y los informes de organismos acreditados (y cuyas artes han sido puestas en duda en varias ocasiones) sobre la calificación crediticia de los países africanos en materia de negocios y entornos de negocios. Muchos de dichos informes se elaboran en las oficinas de Nueva York, París, Londres, Frankfurt o Madrid, sin haber pisado el terreno africano. Las empresas españolas necesitan pisar el terreno y, por consiguiente, les vendría bien el acompañamiento de una persona afro que domina ambas idiosincrasias para transmitir seguridad, confianza y claves de negociación que van sin duda a facilitar los intercambios a ambas partes: porque, no lo olvidemos, la parte africana tampoco conoce bien a España ni a los propios españoles, y no está exenta de prejuicios y estereotipos.
Podemos decir lo mismo con respecto a las ONG españolas cuyos proyectos, en proporción importante, carecen de fundamentos paradigmáticamente básicos desde la realidad africana que pretenden cambiar. Parten desde la cosmovisión de España y de Europa, que trasladan a una sociedad y entorno articulados de manera muy diferente a los usos y costumbres de la sociedad española o europea. Los diagnósticos se tienen que hacer sobre el terreno que se pretende transformar, y no bastan ni una semana, un mes o un año in situ, partiendo desde un hotel de cualquier ciudad africana, hacia poblados y aldeas africanas con incursiones de unos días. Es casi imposible en ese tiempo aprehender los matices de interdependencia y relaciones de equilibrio y a veces con implicaciones subliminalmente mágicas entre las administraciones tradicionales, locales y centrales de los países africanos y sus poblaciones. Con los conocimientos infusos y difusos que atesoran personas entre la diáspora africana, se ganaría en eficiencia y eficacia en las intervenciones de nuestras ONGs en esa parte del continente.
Las universidades y la academia españolas son todavía poco conocidas en esa parte de África, y los representantes de la diáspora africana en España presentes en este ámbito deberían erigirse en embajadores de la cultura española en África; pero eso sí, apoyados por esas Universidades y Academias que no consideran, de manera errónea a mi entender, a los estudiantes africanos como capaces de sufragar sus estudios en universidades públicas o privadas de España. Es un error ya que las universidades de Francia, Inglaterra, Italia, Estados unidos, Canadá Rusia y ahora China, están concurridas por estudiantes africanos, y la lengua española es uno de los mayores activos de España para la diplomacia científica y cultural.
En lo que respecta a la acción gubernamental propiamente dicha, España ganaría enteros si visibilizara en su acción gubernamental tanto interna como externa, la realidad multiétnica de su sociedad con la incorporación e integración de afroespañoles en la administración general del Estado. Y como decía antes, creo que este Ministerio lo está intuyendo y de allí también la celebración de estas dos jornadas que podemos calificar de históricas en la tradición de un Negociado como el de asuntos exteriores. ¿Serviría este gesto para robustecer y hacer más eficaz la acción exterior del gobierno con África? Hombre, no creo que actuase de barita mágica, tal y como hemos podido comprobar con algunos países de nuestro entorno (Francia, Italia, Suecia…), que no ha sido así; pero sí creo firmemente que empezará a cambiar internamente a España, en su mirada sobre África, al reconocer a la africanidad como algo sociológicamente suyo, como algo, o mejor como alguien que no le es ajeno, sino que es su compatriota y, por tanto, puede empezar a empatizar con él y, lo que es importante, a defenderlo desde las Instituciones del Estado. Haciendo este tránsito, no cabe duda de que su acción exterior ganará en credibilidad, e internamente, la sociedad española empezará a cambiar también su mirada sobre África. Esto a la larga, diluirá en la marginalidad los discursos de odio y proclamas racistas que se vierten un día sí y otro también desde medios de comunicación y tribunas parlamentarias de nuestro país, sin que haya un discurso alternativo que los rebatan.
Hay talento y conocimientos, formación y ganas en la población joven afroespañola que se puede incorporar a la AGE desde los mecanismos existentes para el resto de la población. Por otra parte, hay recursos entre la diáspora afro en España que pueden ayudar a distintos equipos ministeriales españoles en sus relaciones e intercambios con África o muy probablemente con los países de América Latina con población negra, con el fin de mejorar los resultados u objetivos planteados.
La quinta pata que he calificado de “informal”, puede ser el turismo español hacia el continente africano al sur del Sáhara. La población afro en España encuentra a personas que articulan un turismo específico hacia zonas muchas veces fuera de los focos convencionales de turismo europea en África y América Latina.
Otro aspecto que se me está ocurriendo y que abriría un debate interesante de si se puede considerar dentro de la acción exterior de España hacia África, son las remesas económicas y sociales que la diáspora afro en España envía y exporta a sus países de origen. Jesús Jiménez ayer planteaba que se pudiera canalizar en inversión productiva y no meramente destinada a la economía de consumo las remesas de la diáspora africana hacia el continente, que eran del orden de 24.000 millones de dólares en 2022; sin contar con las remesas sociales acumuladas y la remesas en la gobernanza.
¿Tienen actualmente en cuenta el MAE y la política exterior española los puntos de vista de la diáspora africana integrante de la sociedad española?
La distinción entre el MAE y la política exterior de España es muy interesante; pero éste no es espacio para profundizar en ella.
No me consta que el MAE incorpore los puntos de vista de la diáspora africana integrante de la sociedad española en su acción con África; pero lógicamente, puedo estar equivocado, porque no conozco a toda la diáspora afro en sus relaciones con el MAE, ni todas las acciones que lleva a cabo este Ministerio en África. Ahora bien, me consta que muchos de los planteamientos de la diáspora afro le llegan al MAE, y tal vez el hecho de su poca penetración o permeabilidad se deba a resistencias seculares para una nueva mirada hacia África y lo afro en Europa. En este caso, entiendo que los cambios serán graduales, y tomará algún tiempo antes de que sean asumidos por todas las representaciones diplomáticas de España por el mundo afro.
Más de lo mismo podemos decir del resto de actores de la política exterior de España hacia pueblos afrodescendientes y africanos. Bien es cierto que algunas ONG españolas incorporan a personas afro en sus estructuras, aunque en muchos casos esa presencia no pasa de mera acción cosmética; no creo que sea de mala fe o con intenciones espurias, más bien, a mi entender, el pasado colonial y del comercio transatlántico de africanos/as esclavizadas/os sigue pesando en el imaginario, el consciente y subconsciente de los unos y los otros, donde la africanidad o está infravalorada, o está sublimada y elevada a la categoría de lo extraordinario; mientras que lo europeo está sobrevalorado y elevado a los altares por la otra parte. Pervive aún una especie de relaciones tóxicas entre Europa y África, que necesitan sanarse y superarse, para que las dos se miren con mirada nueva y construyan juntas un futuro mejor para sus hijas e hijos. Hasta que no se haga esa transición, el mundo seguirá desaprovechando del gran talento de África y las sociedades como la española, del talento de las personas de la afro diáspora con las que comparten ecosistema, aunque en una relación de desequilibrio no siempre buscado, más bien heredado. Tanto el paternalismo como la espera pasiva de ayuda ahogan el impulso creador inherente en cada ser humano.
Aunque parezca que puede estar en contradicción respecto a mi primera afirmación, la Mesa África (Órgano consultivo del MAEC) ha sido y es un espacio y ejercicio de escucha e intercambio entre la sociedad civil española y la Administración General del Estado (AGE); y dentro de la sociedad civil española, participan miembros de la diáspora africana, en dos de los tres Grupos de Trabajo de la Mesa África actualmente habilitados. Me consta que las propuestas consensuadas se están implementando poco a poco, y de manera dispar según qué departamento ministerial; y eso es alentador y anima a seguir implementando, reforzando y mejorando los mecanismos de coordinación y de aplicación de las propuestas articuladas.
¿Podríais indicarnos ideas sobre posibles mecanismos para que la política exterior española incorpore los puntos de vista y las propuestas de la afrodiáspora?
El reconocimiento de la afrodiáspora como actor y sujeto político es fundamental por parte de la AGE, y su papel de generadora de contenidos para la acción política de cualquier gobierno de la nación, al mismo nivel que el resto de los ciudadanos españoles.
La afrodiáspora tiene voz propia que tiene que ser escuchada sin intermediación, al menos que ésta sea asumida y consentida de forma autónoma y transparente desde los mecanismos de articulación y participación de la sociedad civil en la vida pública.
Las organizaciones de la afrodiáspora en España pueden ser directos agentes eficaces en la acción de la AECID, en un movimiento de ida y vuelta o, si se prefiere, en un movimiento circular, tanto para desarrollar proyectos en África financiados por esta Agencia, como en participar en los procesos de selección de becas AECID en sus distintas modalidades para estancias de africanos/as en España. Es fundamental arbitrar mecanismos para que no sean una vía de fuga de cerebros que descapitalicen a África de su caudal intelectual y cultural. No nos interesa una África carente de recursos humanos para hacer frente a los desafíos de los próximos siglos.
¿Debe una política exterior como la española tener su propia agenda, acorde con sus intereses nacionales, o debería centrarse en responder a las demandas y prioridades que llegan desde África?
No cabe duda de que cada país define su política exterior desde sus propios parámetros y, en la actualidad, priman los ejes de los llamados “intereses nacionales”. Ahora bien, es legítimo preguntarnos, ¿quién define y decide cuáles son los intereses nacionales? Aquí deberá primar el consenso nacional entre varios actores para definir la política del Estado español con respecto a su acción exterior, desde la transparencia, la sinceridad, el sentido común y la honestidad.
Dicho esto, viene lo más importante: ¿cómo lograr preservar los intereses nacionales o, dicho de otra forma, cuál es la manera más eficaz de alcanzar los objetivos de nuestra política exterior? Necesariamente aquí, habrá que introducir un factor que no depende de nosotros: la parte africana de la ecuación. Y si tuviera que hacerme una sola pregunta desde la parte española, sería ésta: ¿me interesa una África precarizada y empobrecida, o para los intereses nacionales de desarrollo y seguridad de mi país, me interesa una África industrializada, como socio fiable, con autonomía en sus decisiones de alianzas y soberanía sobre sus propios recursos? O sea, ¿mantengo el estatus quo actual (por lo cual me doy por satisfecha como España), o hay que cambiar de rumbo? España, parece ser, ha optado por cambiar de rumbo, puesto que está trabajando en la Nueva Estrategia para África; y tengo que confesar que me alegro de que sea así; y espero que la voz de la diáspora afro en España será tenida en cuenta.
Quisiera añadir que la Unión Africana (UA) tiene definida su Agenda 2063, y los países africanos también de forma individual tienen trazadas sus prioridades de desarrollo y de inversiones. Entiendo que el sentido común aconsejaría poder alinear los tres factores en juego: intereses nacionales de España, desde la estrategia de la Agenda 2030, la Agenda 2063 de la UA y las prioridades de cada país africano, para que la acción exterior responda a la coherencia de políticas, la debida diligencia, los derechos humanos y la ética en la acción política, en su versión kantiana de actuar de tal forma que nuestros actos sean erigidos en norma universal, y en su versión humana de hacer al otro lo que me gustaría que me hicieran a mí.
Aprovechando esta oportunidad, ¿podría cada uno compartir cuál sería su propuesta prioritaria a tener en cuenta en la nueva estrategia española con África?
He tenido la oportunidad y expreso de nuevo mi gratitud, de trasladar a este Ministerio desde varios instrumentos de interlocución nuestras propuestas para la Nueva Estrategia española con África.
Si tengo que priorizar algo, más que una propuesta, sugeriría un trabajo previo, fundamental e insoslayable, antes de elaborar el documento: indagar y descubrir los sesgos cognitivos que actúan de manera consciente o inconsciente y subconsciente cuando entramos en relación con el otro (ya marcamos la diferencia con él), en este caso con el continente africano al sur del Sáhara y, en extensión, con el hombre o con la mujer afro. Reconocer los sesgos con honestidad; aceptarlos con humildad; y corregirlos con amor.
Os remito a una conferencia magistral que pronunció el 26 de octubre de 2023 en la Escuela Diplomática del MAEC, una persona muy querida y querible (como dice una amiga mía) y a la que admiro mucho, y comparte esta mesa conmigo, lo que me llena de orgullo: mi querido Alberto Virella; se publicó en Planeta Futuro, con el título de “Los sesgos distorsionan la visión que Europa tiene del resto del mundo” el 24 de febrero de 2024. Su título original es “Sesgos cognitivos y técnicas interculturales en la política exterior”. Recomiendo su lectura a todos nosotros y nosotras.
Añadiría para finalizar, que Europa ha escrito la historia del mundo contada por ella, y a fuerza de repetirla y enseñarla en sus escuelas, ha terminado conformándola como la única y verdadera historia del mundo, desde su visión eurocéntrica. Dice un proverbio africano que “hasta que los leones tengan a sus propios historiadores, las historias de caza seguirán glorificando al cazador”. Tenemos todos y todas una deuda con la historia: leones y cazadores, tenemos que reescribir la historia que es nuestra, y juntos si cabe; mientras tanto dejemos un resquicio a la duda sobre lo que nos cuentan unos y otros, y usemos el sentido común que nos indica que el mundo no ha empezado en Europa; como muestra, una constatación: más de 4.000 años antes del Cristo, los Faraones negros del bajo Egipto (que venían del País de Couch, el actual Sudán), consideraban al recién entronizado Faraón después del proceso de iniciación, Hijo del Dios Sol, antes de que la religión cristiana aplicara el mismo apelativo a Jesús de Nazaret, como Hijo del Dios Verdadero. Y tras la culminación de dicho proceso de iniciación la madre del Faraón se convertía en Virgen. Hay innumerables iconografías descubiertas en Egipto que lo atestiguan.
Agradezco, una vez más, la invitación y la nueva visión del MAEC, y nos ponemos a su disposición, quedando expectante de las preguntas del auditorio al que agradezco su atención y espero no haber aburrido con mi intervención.