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ESPAÑA, CLAVE PARA UNA NUEVA ALIANZA GEOPOLÍTICA ENTRE LA UA Y LA UE
Simon NONG NGO BISSENI
Me gustaría empezar este espacio de intercambio dando las gracias a las personas e instituciones que han hecho posible que hoy podamos hablar, sin lugar a dudas, de la consolidación de los Congresos Internacionales de Hispanistas en Camerún: se trata de la Asociación de Profesores de Español de Aquí y Allá, y de la Embajada de España en Camerún. Agradezco, además, la presencia de altas instituciones del Estado español aquí presentes, empezando por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación (representada entre otras, por la Dirección General del Español en el Mundo); el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes (representada por la Asesoría Técnica de Acción Educativa Exterior); el Instituto Cervantes (con su Dirección General y Académica en Dakar); la Universidad complutense de Madrid (con la Vicerrectora de Estudiantes y el Director de la Escuela Complutense Africana); y la Fundación Comillas.
Me parece interesante y metafórico subrayar esta presencia institucional en una conferencia que pretende hablar del papel que puede y debe jugar el Estado Español en la nueva configuración geopolítica entre la Unión Africana y la Unión Europea. Y alguien podría preguntarme y con razón (y yo estaría dispuesto a contestarle si es que al final de esta exposición no ha terminado de ver esa relación – y en tal caso confesaré humildemente mi fracaso en el empeño, aunque no por ello debiera ser inhabilitada la tesis, pues otro u otra la podrá desarrollar con mejor suerte que yo –) qué relación tienen la geopolítica con un congreso organizado por profesores de español de institutos en Camerún, con el título sugerente de los estudios hispánicos frente a los desafíos de la inserción socio profesional.
Por otra parte, bien podría contestar de forma lacónica, y casi monosilábica, sin entrar en más detalles, que la respuesta está precisamente en la misma presencia institucional con la que contamos en este auditorio – en cuyo caso si alguien pensara para sí, “¡vaya!, si lo sé no vengo”, no le quitaría tampoco la razón –. Estamos en un país libre y democrático, y cada cual puede dar su opinión, más aún en este marco universitario, sin temor a ser perseguido o censurado. Pero no me atrevo a ir por allí, porque sé que estoy entre amigos y amigas, y hay que cuidar la amistad verdadera, real y exacta, si queremos que dure y edifique a cada parte amante en sus necesidades y sus anhelos, y así retroalimentar y fortalecer la amistad. En el lenguaje diplomático hablar de un país amigo significa mucho, y no suelen ser palabras carentes de significado ni vacías, ni tomarse a la ligera la expresión, sino que están llenas de carga en contenidos, intereses compartidos, tanto los confesables como los que sólo se pueden decir en “petit” comité. Así es y debe ser la amistad, entiendo yo.
Y hablando de esa misma amistad, eso me permite medir el termómetro de la amistad entre la Unión Africana y la Unión Europea, o mucho mejor entre la UE y los pueblos de África al sur del desierto del Sahara. Esta segunda relación nos dará más juego, porque la primera, aunque tiene matices interesantes, se mantiene bajo el barniz de la cordialidad y el juego de equilibrio que tienen que mantener los Estados entre ellos. Pero también tendría menos juego aunque con matices igual de interesante, sabiendo que el presupuesto de la UA ha pasado de ser financiado alrededor del 75% por la UE, a alrededor del 63% actual. Son cifras aproximativas; y siguen siendo muy significativas.
En marzo de 2020, bajo el prisma de los intereses comunes y valores compartidos para hacer frente a los desafíos mundiales, la comunicación conjunta UE y UA se fijó en cinco puntos que, tres meses más tarde, los protagonistas vieron la necesidad de reforzar aún más si cabe: la transición ecológica y el acceso a la energía; la transformación digital; el crecimiento sostenible y el empleo; la paz, seguridad y gobernanza; la inmigración y la movilidad. No voy a entrar en el detalle de cada uno de esos ejes temáticos.
La UE sigue siendo el mayor socio comercial de la UA, y las relaciones siguen siendo fuertes, conscientes ambas partes de los desafíos compartidos y comunes, aunque amenazadas por varios actores tanto externos como internos dentro de ambas uniones.
Entre los actores externos, podemos hablar de la pandemia COVID-19, que ha puesto de relieve la interdependencia de los países, y la necesidad de trabajar conjuntamente para afrontar y atajar los desafíos mundiales. Las consecuencias de la agresión de Rusia contra Ucrania, que han puesto en el debate público el doble rasero de la UE en relación con el tratamiento aplicado a personas inmigrantes según su país y continente de procedencia. Como colofón el nuevo Pacto migratorio de la UE ha venido a enfriar los ánimos de los más optimistas que esperaban un enfoque más humanitario, acorde con la denominación de alianza entre amigos, en detrimento del securitario, que es el que ha ganado al final la partida.
China, Rusia y otras potencias demográficas, o económicas se están posicionando fuertemente en el continente africano y apostando en sectores que son estratégicos para la misma supervivencia de los países africanos, como pueden ser la seguridad o las materias primas con fuerte impacto en el PIB de algunos países. En el caso de Camerún, el alimento paradigmático es el cacao, que no deja de subir desde diciembre pasado, creando una escalada de precios nunca antes experimentada en el sector. ¿Tendrá algo que ver la fuerte demanda proveniente de China, India y Rusia; o de otros movimientos desestabilizantemente especulativos allende los Pirineos?
En el interior de la UE, el auge de los discursos de la extrema derecha contra las personas inmigrantes, refrendados en las últimas elecciones al Parlamento Europeo, no auguran una buena salud para encaminarse “hacia una nueva estrategia global con África”; así se titulaba la comunicación conjunta de marzo de 2020. Esos discursos constituyen una amenaza real a los cimientos de la democracia europea y los valores fundantes de las democracias liberales. Por si quedara alguna duda, el debate del martes pasado entre candidatos a las elecciones legislativas francesas es un aviso más de la deriva reaccionaria e intolerante de esa ideología que, no lo olvidemos, nos ha llevado a la mayor guerra que el mundo moderno ha conocido en el siglo XX. El envejecimiento de la población europea y, por consiguiente, la perentoriedad de la búsqueda del sostenimiento de las pensiones no parece motivo de alerta suficiente como para plantear un discurso alternativo al de la extrema derecha en el tablero público: un discurso articulado, proactivo y no reactivo, acorde con una realidad tozudamente exacta del llamado viejo continente.
En el caso de España, aparte del envejecimiento de la población, la tasa de natalidad es inquietantemente baja, con un ligero repunte el año pasado. De allí que a no tardar, los campus españoles pueden quedar vacíos. La solución australiana podría servir de ejemplo, y así abrir las puertas de las universidades al alumnado natural de España: africano.
En el interior de la UA, la juventud pujante que no encuentra oportunidades vitales viables en una economía que no acaba de apostar decididamente por la industrialización del continente y la transformación de las materias primas constituye una olla a presión que precisa de un enfriamiento controlado que tenía que haber empezado hace tiempo. Esa misma juventud es la que manifiesta su desafección con las políticas extractivas y de extorsión de un socio fundador de la UE como Francia y otros, que parece marcarle el paso a la Unión en su relación con África sobre todo la francófona. No faltan voces autorizadas como son las de parlamentarios en países influyentes de la UE que claman por un cambio de rumbo de los sucesivos gobiernos de Francia con respecto a países de la zona que utilizan el franco cfa como moneda, entre ellos Camerún.
Se levantan voces soliviantadas contra Francia, y por ende contra la UE (con o sin razón) que no le enmienda la plana, y pareciera que nos encaminamos inexorablemente a la ruptura del matrimonio natural y de conveniencia entre la UA y la UE, si nadie lo remedia.
Y aquí entra en juego ESPAÑA.
España está en un momento crucial de la historia, y tiene ante sí la oportunidad inmejorable de liderar un discurso alternativo que le sirva a la UE de base para sus relaciones con África, no sólo con la UA, sino con los pueblos africanos. Las relaciones hasta ahora mantenidas con las élites africanas han demostrado sus costuras, y los resultados están a la vista.
Lo mismo que durante la crisis energética, consecuencia de la guerra en Ucrania, España supo convencer a los socios comunitarios de la excepción ibérica, y más tarde de la necesidad de impuestos a las grandes compañías del sector energético y de la banca por los beneficios caídos del cielo; las actuales circunstancias, la posición geográfica de España respecto al continente (en tanto en cuanto que es la puerta natural de entrada de africanos y africanas en Europa; una entrada que dista de ser masiva ni invasiva como hacen creer la extrema derecha europea y sectores mediáticos afines a sus tesis, a tenor de las cifras oficiales del número de personas en situación irregular en el país), el envejecimiento de su población con más de 6 millones de jubilados y rondando 10 millones de pensionistas; la historia colonial de España y sus posteriores relaciones con sus colonias africanas; los gobiernos de España tienen el deber moral y la obligación política en materia de gobernanza asertiva con su pueblo, de marcar un discurso propio sobre el tipo de relaciones que ella y la UE deberían mantener con el continente africano, para asegurar la supervivencia a medio y largo plazo de la UE y la gestión de los equilibrios geoestratégicos tanto de la Europa comunitaria como del África en su conjunto. Y este papel de fuerza moral, actualmente sólo España lo puede jugar entre las economías más grandes de la UE.
España dispone de una herramienta poderosa para liderar la posición de la Unión Europea respecto a África; y la oportunidad y el marco político-cognitivo es la elaboración de la Nueva Estrategia del Estado español con África, en cuyas primeras reuniones preliminares he tenido la oportunidad de participar como uno de los seis expertos invitados, y que quiere reemplazar los conocidos como Planes África. La herramienta de la que hablo no es nada más ni nada menos que el idioma español, cada vez más hablado y apreciado en África. Prueba de ello son estos Congresos Internacionales de Hispanistas en Camerún, un país cuyos idiomas oficiales son el francés y el inglés, como seguramente todos los presentes saben.
Hay varias propuestas elaboradas de manera conjunta entre la Sociedad Civil española (y la Diáspora africana en España) y la Administración General del Estado durante los debates de la segunda Consulta Temática en la Mesa África titulada políticas públicas para la cooperación cultural y académica. En esta conferencia, voy a añadir una propuesta que puede constituir uno de los marcos de actuación de esa política, y que podría significar, si realmente hay una voluntad política y una coherencia con los anuncios y acuerdos políticos, una vía factible para “una inmigración ordenada, regular y segura”: la creación del Campus España, similar al que ya existe en varios países africanos, realizado por uno de los socios fundadores de la Comunidad Europea, Francia, con le Campus France; una articulación y una práctica por la que miles de estudiantes africanos que acaban el bachillerato a lo largo de los años se van a estudiar en universidades francesas, tanto públicas como privadas. La particularidad o aportación adicional de España tendría que ser poner el acento también en la formación profesional, un verdadero desafío tanto para España y la UE como para África. Es una de las maneras de lograr convertir el español en lengua de ciencias, tecnología, instrumental para a inserción socio-profesional, y hacer su estudio y aprendizaje atractivos a centenares de miles de estudiantes cameruneses que se preguntan para qué voy a estudiar el español, si no tengo oportunidades de cursar una ingeniera o hacer medicina o derecho en una universidad española.
Puesto que el campo africano está abierto a España y a sus ciudadanos y ciudadanas, habrá que hacer memoria de lo que otros han hecho y nos han llevado donde estamos, para no repetir los mismos errores. Para ello, recomiendo la conferencia que el diplomático y ex Embajador en misión especial para el Plan África, Alberto Virella Gomes pronunció en la Escuela Diplomática de Madrid en octubre de 2023, con el sugerente título y subtitulado de: Sesgos cognitivos y técnicas interculturales en la política exterior: cómo los europeos distorsionamos el análisis de otras sociedades y reducimos la eficacia de nuestra acción exterior.
En efecto, según el psicólogo Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía en 2002 junto a Amos Tversky, al hacer juicio de valor y tomar decisiones, las personas cometemos errores sistemáticos que suelen ocurrir por debajo del umbral de la conciencia. Estos investigadores acuñaron el término de sesgos cognitivos como “efectos psicológicos que distorsionan el análisis de la información que nos llega y generan juicios errados o interpretaciones sesgadas, incompletas”.
Si queremos acertar, aprendamos de nuestros errores y de otras personas en el pasado en situaciones similares, y no repitamos fórmulas ni paradigmas que no han traído los resultados esperados; al menos, claro está, que nuestro raciocinio diga y escriba una cosa, y nuestro corazón e intenciones aboguen por lo contrario. Esto tiene un calificativo que no hace falta reproducir aquí, pues de todos es conocido.
Un proverbio africano dice que “un solo pie no hace el camino”. España, África, África, España, caminemos juntos.
Muchas gracias