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MARCHA DE LA DIGNIDAD: TEMPERATURA CIUDADANA; LATIGAZO DEL GOBIERNO

MARCHA DE LA DIGNIDAD: TEMPERATURA CIUDADANA; LATIGAZO DEL GOBIERNO

El pasado 22 de marzo, Madrid acogió a miles de personas venidas por toda España, organizadas entorno a la “Marcha de la Dignidad”. Transcurrida de forma cívica, se vio ensombrecida al final por un grupo de radicales organizado, que desplegó una violencia inusitada contra la policía y el mobiliario urbano, causando cerca de 70 heridos en las filas de los policías antidisturbios, y alrededor de 34 entre los radicales y manifestantes: la polémica estaba servida.

Reacciones políticas equivocadas

Los políticos se equivocan cuando no hay una condena sin matices, ni paliativos, ni peros, de la conducta incívica y violenta de ese grupo de radicales enemigo de las normas de convivencia que la sociedad se ha dado. Se equivocan los políticos cuando confunden ese grupo bien identificado por Interior con los caminantes de la dignidad o sus organizadores, olvidando el verdadero motivo de la marcha. El gobierno se equivoca cuando se quiere apoyar en esos altercados para justificar su proyecto de ley de seguridad ciudadana que el Consejo General del Poder Judicial, por unanimidad, tacha de inconstitucional en varios de sus artículos, y pide que se module convenientemente, al querer conculcar la libertad a favor de una pseudo-seguridad.

Informes variados de organismos internacionales y nacionales han arrojado estos últimos días datos preocupantes para la sociedad española en su conjunto, y también datos esperanzadores de algunas variables macroeconómicas que refieren signos claros de reactivación de la economía, y una consolidación en la salida de la crisis: los últimos datos del paro registrado y de afiliación a la seguridad social lo demuestran, aunque sea a costa de la devaluación del poder adquisitivo de la inmensa mayoría de los ciudadanos.

Más sacrificios para una situación de emergencia social

Estos últimos años, el gobierno ha hecho recortes sociales drásticos en educación y sanidad, atención a la diversidad y dependencia, y seguirá haciéndolos en 2015, para no desviarse de su mantra del déficit público, por un importe en torno a 15.000 millones de euros. Y para llegar al objetivo de déficit del 3%, supondrá, según los analistas, un recorte o recaudación de 40 mil millones de euros, ya que estamos con 7,08% de déficit, si añadimos el rescate bancario.

España es el país donde más han crecido las desigualdades en estos años de la crisis: las clases medias pierden cada vez más capacidad adquisitiva, mientras los ricos son cada vez más ricos. La pobreza infantil es la más alta de la Unión Europea, sólo superada por Rumanía, según informe de Cáritas. La pobreza energética alcanza a 9 millones de personas, teniendo el coste de energía uno de los más caros de la UE, y donde las compañías de energía españolas son las segundas con más ganancias en Europa. Más del cuarto de la población española está en paro, y las perspectivas no van a bajar de este porcentaje en 2015. Más de un millón y medio de hogares españoles tienen a todos sus miembros en paro; y más de la cuarta parte de los parados no perciben ningún tipo de ayudas del Estado. Setecientos mil hogares españoles están sin ingresos de ningún tipo. Cáritas atiende a cerca de dos millones de hogares, con un perfil de beneficiario nunca visto. Esta ONG de la Iglesia católica advierte que se podría reducir significativamente el impacto de la pobreza o el riesgo de caer en la pobreza extrema, con el dinero que el Estado piensa destinar a rescatar las autopistas en quiebra. Muchas familias han sido desahuciadas de sus casas, y sigue habiendo miles de viviendas vacías en manos de los bancos. Estamos en una situación de emergencia social, pero no se ven medidas específicas para erradicar esos grandes males de España, que no sean las encaminadas a reducir el déficit, que se resiste, a pesar de los sacrificios de las personas, a bajar de forma significativa.

Signos de activación económica y euforia del gobierno

Frente a este drama de la lucha diaria por la supervivencia, el gobierno lanza mensajes de recuperación y proclama con bombo y platillo el fin de la recesión económica, sin la mínima empatía con las capas sufrientes de la ciudadanía. Es verdad que la economía española está presentando signos de recuperación; no se puede negar sin caer en la demagogia ni en la crítica fácil: todas las previsiones de crecimiento se han revisado al alza; las exportaciones y el consumo interior se animan; el presidente de la mayor entidad financiera del país, el banco Santander, dice que su entidad está dando más créditos a empresas y familias; las empresas del IBEX 35 no dejan de informar de los beneficios; el objetivo del déficit del Estado se ha desviado de 12 céntimos (en realidad 1,2% punto), cifra asumible por el ministro de Hacienda. El paro ha bajado en marzo en cerca de diecisiete mil personas, cosa positiva, aunque sigue siendo inasumible la cifra de 4.800.000 personas registradas en las oficinas de empleo en busca de un trabajo.

Peligro de confundir crecimiento y bienestar social; el sentido de la Marcha de la Dignidad y desafíos del gobierno

Ahora bien, no es lo mismo crecimiento que desarrollo y, tal y como nos lo recuerda la realidad de las personas, el crecimiento no garantiza el bienestar, ni el desarrollo, ni la equidad o justicia social: muchos son los españoles condenados a la precariedad, y será prácticamente imposible recuperar los niveles de bienestar social de antes de la crisis antes de 10 años. Entre los mercados y las personas, el gobierno se ha decantado por los primeros. España por fin crece; sí, a nivel macroeconómico; pero crece muchísimo más en desigualdad, y demasiadas personas están en el umbral de la pobreza. Ahí es donde el gobierno tiene que poner todo su empeño para el resto de la legislatura, si realmente quiere servir a los españoles y a las españolas. De no hacerlo, nadie se podrá sorprender de que tengamos en España altas tasas de abstención en las elecciones, – como ha ocurrido en Francia en las últimas municipales – pues los ciudadanos se sienten abandonados por sus dirigentes, incapacitados para atender sus necesidades básicas de dignidad, e incapaces de empatizar con una ciudadanía exhausta y sobre la que recae el peso de la crisis. Éste ha sido el sentido de la exitosa Marcha de la Dignidad; no tenerlo presente en la acción política, simplemente es incomprensible.

S.A. Nong