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Papa Francisco: la voz que clama en el desierto

El papa Franciso
El papa Francisco ha cogido la escoba para barrer primero su casa; al mismo tiempo, no elude el debate sobre los temas candentes de la actualidad, y los desafíos a los que se enfrenta la humanidad. Sin duda la voz más escuchada y respetada en el mundo tan falto de liderazgo, Francisco pone la dignidad del hombre en relación en el centro del progreso.
El papa Francisco es sin duda la voz con más autoridad y peso en el mundo, y a la que muchos, de todos los sectores y credos, prestan atención en la actualidad. No dice nada que la Iglesia no haya dicho; es la manera de decirlo, la forma de abordarlo, y la acción que acompaña las palabras lo que marca la diferencia. Vive sencillamente lo que predica; da testimonio de su credo en Dios manifestado en Jesucristo. Dicho de otra manera, no está inventando el Evangelio; lo está viviendo y aplicando, y exhorta a los cristianos que hagan lo mismo con alegría.
Habla y actúa con la confianza de alguien que sabe que su fuerza no le viene de sí mismo, ni se representa a sí mismo, sino que cumple una misión de la que no se siente digno. Es Cristo, el que le ha enviado, quien le dignifica y le da autoridad. Se dirige a toda la humanidad, como “pastor” aunque sin imponer su credo; más bien proponiendo al hombre y a la mujer de hoy un camino que él considera edificante para el individuo y para la sociedad en su conjunto: la persona no se puede entender más que desde su ser relacional.
Frente al modelo dominante que trata al ser humano sólo como “ciudadano o sujeto económico”, pide a Europa, desde el Parlamento de la Unión, que considere al Hombre en su dimensión de “persona dotada de una dignidad trascendente”. Para ello, apela a la memoria de una Europa “un poco envejecida y reducida, que tiende a sentirse menos protagonista en un contexto que la contempla a menudo con distancia, desconfianza y, tal vez, con sospecha”. Una Europa que ha superado el trauma de la II Guerra Mundial poniendo el acento sobre la dignidad humana, y que, ahora, parece haberse olvidado de ella, en beneficio de una concepción del hombre como fuerza de trabajo, generador de beneficio económico para unos pocos, y no como sujeto de derechos humanos. Derechos y deberes humanos que la persona disfruta plenamente en un “contexto relacional” con los demás. El papa propone a Europa hoy la contribución del “patrimonio cristiano” para enriquecerla, reconociendo la “laicidad y la independencia de los Estados”, convencido de que “lo que engendra la violencia es el olvido de Dios”.
El papa les recuerda a los suyos, y reconoce que la iglesia católica no es la única fuente que genera cultura, que comparte ese espacio con otros actores y, por tanto, deben reajustarse a esa realidad. Les pide a los cristianos, en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, que salgan “de sí mismos hacia a las periferias (geográficas y existenciales) para una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría que se renueva y se comunica” a los demás, sobre todo con los más pobres, los que sufren, los olvidados de una sociedad de consumo individualista, acomodada, avara y aislada, que ha dado la espalda a Dios.
El diálogo interreligioso se basa en “la promoción de la amistad y el respeto entre hombres y mujeres de diferentes tradiciones religiosas”. Cuando se cumplen 20 años del diálogo con el Islam, los encuentros a alto nivel con la Iglesia católica condenan todos los extremismos y se reconocen mutuamente cada una en su identidad y realidad religiosa. Eso no le impide pedir la intervención y apelar a la conciencia de la comunidad internacional para que Naciones Unidas tomen carta en el asunto de la violencia contra las minorías étnicas y religiosas en el norte de Irak.
A los líderes del G20 reunidos en Brisbane, Australia, les invitó a tomar conciencia de que detrás de sus debates políticos y técnicos, están en juego muchas vidas. Les pidió un ordenamiento financiero fundado en la transparencia, la honradez y la seguridad, y mecanismos para evitar la evasión fiscal. Llama su atención sobre el alto nivel del paro y especialmente del paro juvenil, la desnutrición severa, el aumento de las desigualdades y la exclusión que puede conducir a algunos ciudadanos a recalar en las redes terroristas. Crear trabajos dignos es una apuesta ineludible. A los reunidos en el Foro de Davos-Klosters, les recordó que promuevan un enfoque económico inclusivo que tenga en cuenta la dignidad de toda persona humana y el bien común. Insistió sobre la promoción de la salud, la educación y la comunicación, como avances para el bienestar de la gente, aunque se deba profundizar en ellos pues hay muchas personas excluidas.
A los profesionales de la justicia penal y criminología, el papa Francisco les anima a adoptar un enfoque multidisciplinar ante un acto delictivo “plenamente humano, libre, consciente y responsable”. Pide que se cuide con particular interés a las víctimas, al mismo que la necesidad de reparar el daño causado, sin olvidar la recuperación del culpable desde un cambio interior de verdadero arrepentimiento. En este sentido, llama a la responsabilidad de los profesionales de los medios de comunicación para que, al mismo que hacen su loable tarea de informar, que no contribuyan a crear alarma social, ni prejuzguen o frivolicen hechos dolorosos que atenten contra la dignidad humana, sea de la víctima o del victimario. Comunicar para él, es proximidad, cercanía, ser capaz de hacerse semejante al otro, tomar conciencia de que somos humanos.
Tal vez ahora se entienda mejor que la apuesta decidida del papa Francisco por afrontar con transparencia los graves casos de abusos sexuales en el seno de los pastores de la iglesia católica tanto desde la justicia penal como desde los fundamentos cristianos, se cimienta sobre fuertes convicciones personales arraigadas durante mucho tiempo. El caso paradigmático ha sido lo ocurrido en la diócesis de Granada, España, donde el papa ha hablado más de una vez con una de las víctimas personalmente, al mismo tiempo que ha pedido que los presuntos culpables sean llevados ante los tribunales ordinarios hasta que se aclaren los hechos. Es una forma claramente diferencial con respecto a sus antecesores.
Persona cercana, austera, sencilla, dialogante, que predica con el ejemplo, Francisco no rehúye ningún tema. Así expresa la acogida de la iglesia a los homosexuales, sin juzgarlos, ni culpabilizarlos. Con el mismo amor fraterno que les profesa, en su faceta de instructor, no vacila a la hora de afirmar que los niños tienen derecho a crecer en una familia, con un padre y una madre, capaces de crear un ambiente adecuado a su desarrollo y a su maduración afectiva. Para el papa Francisco, la familia es un hecho antropológico, y no un concepto de naturaleza ideológica que tiene fuerza en un momento de la historia y después cae. Para él, hablar de familia conservadora o familia progresista es un error, pues la familia es familia.
En la II Conferencia Internacional sobre nutrición en la sede de la FAO y ante representante de 170 países, el papa Francisco advierte que el hambriento nos pide dignidad, no limosna. En la actualidad, las relaciones entre naciones están demasiado a menudo dañadas por la sospecha recíproca que, a veces, se convierte en formas de agresión bélica y económica, socava la amistad entre hermanos y rechaza o descarta al que ya está excluido. Llama a unos y a otros a superar la dictadura de los mercados y de la ganancia individualista, para centrarse más sobre la persona del que sufre hambre.
Cuando se cumple un año de la tragedia de la inmigración en Lampedusa, lo que el papa Francisco calificó de vergüenza de Europa, el pontífice agradece la acogida de la comunidad cristiana italiana; la anima a afrontar este drama no desde la lógica de la indiferencia, sino de la hospitalidad y del compartir. A las instituciones europeas les pide valentía y generosidad en la atención de las personas inmigrantes, hermanos y hermanas nuestras.
Ahora que España está conmovida por la violencia sin sentido de los hinchas radicales de dos equipos de fútbol, resultando asesinada una persona, y otros países también han vivido la violencia en el deporte a lo largo de este año (mataron a un futbolista en un estadio argelino), es oportuno recordar las palabras que el papa dirigió a los participantes en el Mundial de Brasil en junio pasado: el deporte no es sólo una forma de entretenimiento, sino sobre todo un instrumento para comunicar valores que promueven el bien de la persona humana y contribuyen a la construcción de una sociedad más pacífica y fraterna.
Toda esta intensa actividad pastoral empezó por su propia casa, la sede del Vaticano y la iglesia católica en general. Vive sencillamente; ha renunciado a las dependencias papales para vivir en un convento; denuncia el pecado y el delito de la iglesia y de malos pastores que se sirven los primeros en detrimento de sus ovejas; pide a los suyos que descubran y vivan la alegría del evangelio, y que salgan de sus trincheras fortificadas, desde el amor y la unidad, para que el mundo los reconozca por sus obras y por su unción. Y desde ahí, invita a toda la iglesia a vivir la pobreza material, la sobriedad, tocando la carne de Cristo. Una pobreza amorosa que es solidaridad, compartir y caridad desde la búsqueda de la justicia y la alegría de lo esencial.
Ha puesto orden en las finanzas del banco vaticano, tras limpiarlo de indeseables que hacían de él un instrumento al servicio de los poderosos y de fines nada cristianos. Ha renovado el compromiso por la transparencia, instando a tomar medidas contra el blanqueo de dinero y la financiación del terrorismo, así como la vigilancia de las instituciones financieras.
El papa Francisco exhorta, anima, consuela, asiste, se solidariza, apoya, empatiza con, llama, escucha, pide, ruega, pide perdón, a todos, sin importar sus condiciones, consciente de que es tal vez la voz más escuchada en este momento en todo el mundo.
Simon Abdallah Nong